Phuket, un santuario natural en Tailandia

El viajero que viaja a Tailandia no puede irse sin visitar una de sus joyas: Phuket. Esta isla-provincia es un santuario inmerso en una gran selva donde la naturaleza nos invita a disfrutar de su naturaleza. Un entorno único que deja claro por qué se hace llamar El Edén, la Perla del Sur de Tailandia.

Phuket es uno de esos lugares en la lista de “Destinos que visitar al menos una vez en la vida”. Y es que la belleza de sus montañas y de sus preciosas playas son importantes razones que le permiten recibir a más de 3 millones de visitantes cada año.

La montañosa isla de Phuket nos obsequia con unas excelentes vistas, las que nos incitan a convertirnos en pintores sólo por retratar las grandes extensiones de tierra que descansan a nuestros pies, llenas de exuberancia tropical. Y, lo mejor de todo, es que para contemplarlas no hace falta caminar todo un día entero sino que para disfrutar de una vista de 360 grados de todo el sur de la isla sólo hace falta desplazarnos algunos minutos.

Por ejemplo, el mirador más alto de la isla, es accesible desde el este, a través de una bucólica carretera que serpentea a través de aldeas y plantaciones de caucho. Desde la parte superior de la cocina, podemos obtener una excelente vista de las nubes y de la mitad de Phuket de este a oeste.

La religión budista, sus muestras arquitectónicas y ornamentales también están reflejadas en Phuket. De hecho, podemos visitar una de sus mayores atracciones: el Gran Buddha, uno de los monumentos más importantes y venerados de la isla. La gran imagen de Buddha se en encuentra en la parte superior de las colinas de Nakkerd, entre Chalong y Kata, y con sus 45 metros de altura, se puede ver perfectamente desde lejos.

Junto al Buddha. La paz y la espiritualidad se respiran por todos los poros de la piel de sus visitantes. Los únicos ruidos que escuchamos son el tintineo de las campanillas y las banderas amarillas (símbolo budista) ondeando al viento. De fondo, una suave música.

Todo el cuerpo del gran Buddha está revestido de mármol blanco, un hermoso material que brilla bajo la luz del sol y que para los tailandeses también es símbolo de esperanza. Desde aquí arriba, las vistas de la isla también son impresionantes.

Cerca de la base del Gran Buda, hay una sala que muestra la historia del proyecto, algunas de las enseñanzas budistas y las cajas con innumerables donaciones.

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