Diario de un viaje a Vietnam

“Hechizado por el encanto del pueblo vietnamita vuelvo de un viaje que, sin duda, me ha cambiado la forma de ver nuestro pequeño gran mundo. Tan buenas impresiones y experiencias vividas acompañan nuestros recuerdos en la maleta de regreso a casa”.


Este es el relato de uno de nuestros viajeros Kuoni, Rafael, que junto a su reciente esposa Ana, han podido descubrir una parte de este país maravilloso, lleno de contrastes y de paisajes por descubrir.

“Desde el mismo momento en que llegamos apenas teníamos palabras para describir lo poco que habíamos visto del país. Su capital Hanoi es una ciudad de contrastes, donde lo nuevo y lo viejo se funden creando un marco inigualable. Nos ha impactado la armonía de sus gentes y su respeto por la cultura y las tradiciones. Paseamos por sus parques y sus lagos sin aburrirnos ni tan sólo un minuto.

Pero para parques y jardines los que se podían visitar en la Residencia de Ho Chi Minh, en el que incluso nos podíamos imaginar al héroe nacional paseando. En su Mausoleo pudimos descubrir el cariño que le tenía su pueblo, de hecho nos encontramos muchos vietnamitas visitándolo, y gente de muchos países con los que hicimos incluso amistad.

En todo el lugar se respiraba un ambiente muy agradable en el que hasta tuvimos una graciosa anécdota con una mujer que, de forma muy habilidosa, nos vendió un puñado de fruta.

Experiencia memorable fue la visita a la Bahía de Halong, una vasta extensión de agua patrimonio de la humanidad. Nos pareció muy curiosa la leyenda que la rodea pues, según se dice, los dragones que envió el Emperador de Jade para proteger su tierra y su familia escupían joyas, unas joyas se convirtieron en grandes islotes que sirvieron para defender su pueblo de los enemigos invasores.

Tras la visita a la Bahía, partimos en coche hasta Hoian, donde abunda el comercio y el mercado local. En el hotel pudimos aprovechar para disfrutar de un buen masaje vietnamita y de un reconfortante descanso después de algunos días de viaje.

Después de visitar la típica Playa China y su finísima arena donde descansaron los soldados norteamericanos, nos dirigimos hasta Hue, la ciudad que más sufrió los violentos embistes de la guerra. Tan sólo quedan en pie los muros de la Ciudad Antigua de todo el gran complejo que formaba la Ciudad Imperial.

El último día Ana y yo decidimos almorzar en un puesto de comida al aire libre y darnos nuestro último homenaje en estas tierras: una típica sopa Pho de carne con fideos, unos rollitos Mon cuon y el típico pescado frito de estos locales de paso, los Cha ca, acompañado de una buena jarra de cerveza. Un romántico país, que nos ha hechizado por completo. Los vietnamitas transmiten una energía tan positiva que poco importa tu cansancio tras diez intensos días de viaje. Sin duda una hermosa experiencia que jamás olvidaremos”

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Kuoni España

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